Con éste será el segundo artículo que escribo sobre el Sida en África, pero la magnitud de la epidemia y su impacto tanto social como económico me obliga a ello. Para comenzar, quiero situarme en el contexto: cualquier zona rural del África subsahariana, con todo lo que ello conlleva, pobreza extrema, baja esperanza de vida, carencia crónica de acceso a las infraestructuras básicas (agua potable, electricidad, salud, educación etc..), baja productividad de la tierra (por uso de técnicas de cultivo tradicionales sumado a las crecientes sequías), bajo nivel de capital humano y con una mayoría de la población dedicada a la agricultura y una sociedad anclada en unas tradiciones milenarias. A medidados de los años 80 el Sida comienza a manifestarse y extenderse a lo largo del mundo. Desde luego las áreas más devastadas las pobres. Pero claro, si miramos más allá, el sida no es solo un problema humano sino económico, ya que los elevados índices de prevalencia de la enfermedad en la población (algunos con más de un 30% de población seropositiva) ha provocado un efecto devastador en el tejido económico que describo a continuación: - Desde el punto de vista del gasto sanitario se ha producido un incremento desmesurado, que incluso en ciertas ocasiones no se puede sufragar y provoca saturaciones en los escasos centros médicos y que la mayor parte de la población infectada no reciba el tratamiento adecuado y muera. Se produce una dependencia de la asistencia sanitaria exterior.
- La enfermedad se ha cebado principálmente en la población del rango de edad de 25-50 años, es decir la más productiva y jóven. Si tenemos en cuenta que son áreas rurales donde la mayoría de la población vive de la ganadería y la agricultura, los muertos y los enfermos terminales muy debilitados para trabajar, provocan una caída importantísima de la producción y productividad agrícola, muy dificilmente sustituible a corto plazo, que provoca problemas de alimentación. Éstos debilitan aún más los aportes alimentarios necesarios (ya de por si bajos) perpetuando situaciones de subalimentación y crisis alimentarias.
- La muerte de los principales sustentadores familiares provoca una caída en los ingresos familiares y una perpetuación de la pobreza. Según estimaciones de la ONU esta reducción de ingresos oscilaría entre el 60-80%.
- La aparición de toda una generación de huérfanos (enfermos o no) que hay que tutelar y como mínimo asistir, provoca un gasto también considerable.
- La desaparición de toda una generación productiva, provoca todo un salto hacia atrás en los procesos de desarrollo que se estaban implantando, ya que la enfermedad no distingue entre ricos, pobres etc.. mueriendo médicos, maestros, enfermeras etc..
- Se produce un abandono masivo de tierras de cultivo provocando una disminución de la capacidad productiva de la sociedad limitando su desarrollo.
Aquí he nombrado las implicaciones que se están observando ahora, es decir en el corto plazo, seguramente, en un futuro, aparecerán otras muchas implicaciones que a priori no se han detectado.
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